Desde 1998 hasta 2003 la creación neta de empresas industriales fue negativa, a partir de la salida de la crisis se verifica un crecimiento positivo de la cantidad de firmas industriales hasta la actualidad.
Aunque el tejido empresarial estaba recomponiéndose en el 2005 había casi la misma cantidad de empresas que en 1996: algo más de 410 000.
Este es un análisis pyme ya que la inmensa mayoría, más del 90%, son microempresas y pymes.
De la mano de la creación de nuevas unidades económicas esta la posibilidad de regenerar el tejido empresarial hacia un modelo de desarrollo económico que describa las necesidades de nuestra gente y las pueda proyectar al futuro.
La actividad emprendedora tiene esa potencialidad. Un aumento de la base de sustentación que esencialmente pueda ensanchar la base de competencias emprendedoras, marca el camino hacia la consolidación de nuevas unidades productivas.
Las nuevas unidades económicas también representan un camino a la democratización económica con la posibilidad de alcanzar un mayor desarrollo de las fuerzas productivas.
La expansión de la cantidad de emprendedores al frente de sus micro y pequeñas empresas representa también la diseminación de la propiedad de los medios de producción.
Hay una gran cantidad de emprendedores que a pesar de haber pasado un sin número de avatares no volverían a trabajar en su especialidad bajo relación de dependencia sencillamente porque las condiciones de esos puestos no cubren el valor de su esfuerzo, el valor de su trabajo.
Valor al cual se aproximan a través de la organización y gestión de su emprendimiento.
Por ese mismo motivo la mayor cantidad de emprendedores, además de su potencialidad de creación de producción y empleo, constituye un aspecto fundamental para una redistribución progresiva del ingreso.
Hay otro aspecto a tener en cuenta cuando analizamos la actividad emprendedora bajo la óptica del desarrollo económico, en esta actividad hay una revalorización del esfuerzo un pasar en limpio de las capacidades orientadas a la generación de productos y servicios que expresa a su principal protagonista: el hombre.
La actividad emprendedora entendida como un camino de democratización económica, de redistribución progresiva del ingreso, de revalorización del esfuerzo, de progreso social y fundamentalmente de dignidad, poniendo al hombre como centro de la actividad económica, es esencial para sustentar el desarrollo económico de nuestro país.
Sería importante pueda ser así concebida a la hora de diseñar políticas y llevarlas adelante. Hasta el momento no han sido estructuradas desde la óptica que proponemos. Si bien se han dispuesto un conjunto de recursos, éstos se han manejado básicamente desde dos esferas.
Una que concibe a la micro empresa como un factor de contención social, orientación de innegable importancia bajo la urgencia y profundidad de la crisis que vivimos los argentinos, pero que difícilmente pueda superar el nivel de autoconsumo o autoempleo, es decir, unidades económicas que en su inmensa mayoría desde su nacimiento carecen de la capacidad de reproducción de sus recursos económicos.
La otra esfera desde la que se han orientado los recursos es la de responder a necesidades puntales y específicas de distintas unidades económicas. Estos son un conjunto de programas que en los distintos niveles de gobierno tratan de responder a un conjunto de problemas o dificultades que van desde el crédito, la innovación tecnológica, los procesos industriales hasta las figuras jurídicas pasando, entre otros, por el asociativismo y el comercio exterior. En todos estos casos no se ha tenido en cuenta la necesidad de ensanchar la base de las competencias emprendedoras.
Las acciones que prevén los programas están concebidas para emprendedores de escasos recursos, cuando la situación de la inmensa mayoría de los emprendedores es que inician su actividad con un capital por debajo del mínimo indispensable.
La visión que estamos proponiendo implica adoptar una perspectiva de apoyo que tiene especialmente en cuenta a las personas y a las distintas fases en el desarrollo de la carrera del emprendedor.
Es un momento adecuado para analizar las limitaciones y carencias que presentan los distintos programas e instrumentos existentes para avanzar en un sistema de desarrollo emprendedor que lo tenga a éste como eje central y que apoye consecuentemente el desarrollo de sus competencias.
martes 26 de febrero de 2008
Sistema de desarrollo emprendedor para nuevas Pymes
Publicado por
Enrique González Olguin
a las
7:47
Etiquetas: desarrollo económico, desarrollo emprendedor, emprendimientos productivos, Pymes industriales
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